07 feb. 2026

El sacrificio de Felipe

@pablonoearaujo @pablonoearaujo

Ángel, apenas supo de la llegada de Francisco se acercó con Felipe, su gallo, para ofrecerlo como presente a la honorable visita. La gente confundió su intención; pensó que era para que termine en el vorí vorí papal, aunque realmente quería entregar el animal como una manera de agradecer su presencia en el Paraguay.

Al llegar su historia a los medios, creció como esos comentarios que se multiplican casi inocentemente, Ángel y su amigo Felipe pasaron a ser uno de los hechos conmovedores de la visita papal. Un seguimiento que parecía terminar cuando monseñor Claudio Giménez, al finalizar una celebración en Caacupé, recibía a la mascota como para que conviva con una congregación de religiosas.

“No puedo creer que hayan comido a Felipe”, dije. “No podés esperar algo diferente de una religión que se morfa a su Dios en cada misa”, respondieron en tono de burla. Es común que esto suceda en el país me decía mi madre, al tiempo de contar la anécdota de un evento familiar, en donde una oveja negra, mascota de un tío fue el centro de la mesa, un manjar devorado por todos los participantes del encuentro, menos aquel tío que se encerró a llorar, lamentando el destino de su amigo, que finalizó su paso por la tierra acompañado de ensaladas y sazones deliciosas.

Sin intención de profundizar estas reflexiones teoantropológicas y cuasi culinarias, es bueno reconocer que el mundo cambió. El control social está presente en cada caso que llegue a la opinión pública. La conciencia sobre los animales dejó de limitarse una lógica alimentaria, que los tenga confinados a la sartén, olla o parrilla de cada hogar. La sensibilidad varió al punto de poner especial énfasis en la dimensión humana de cada acto que sucede.

El sacrificio de Felipe nos muestra que los ojos de la sociedad están alertas. Aunque, lo importante sería apuntar la mirada a temas realmente trascendentes y que nos ayuden a cambiar la sociedad. Una tarea, que aún sigue pendiente.