07 feb. 2026

El país pequeñito

@marianonin1 @marianonin1

Juan tiene dos años, Pedro no debe pasar los 14. Son nombres ficticios de una historia real. Fueron rescatados por los bomberos de una calle cualquiera de Ñemby. Pedro, el mayor, apenas habla. Su condición de pobre lo ha marginado del sistema, pero no le impide contar su historia. Su breve historia. Junto a su hermano abandonó su casa. Entre lágrimas dijo que era obligado a mendigar por sus propios padres. Era dinero o castigo. Monedas o golpes. Quién sabe qué más. Pero hasta los niños se cansan. A veces la dignidad puede más. No importa que tan pobres podamos ser.

Deambulaban por las calles desde hace dos meses. Dos niños. Solos. Nadie los vio. A nadie les llamó la atención. Eran invisbles. O lo fueron hasta que los bomberos (esos que no cobran y arriesgan sus vidas) los rescataron y los llevaron a la policía.

Pero no son solo Juan y Pedro. Seis de cada diez niños y niñas manifiestan algún tipo de violencia en su entorno familiar. Frías estadísticas que dimensionan una brutal realidad: la de las infancias destrozadas.

¿Y si multiplicásemos esa realidad? Las estadísticas desnudan lo lejos que estamos de los niños. El Paraguay tiene una población de aproximadamente 2.600.000 niños, niñas y adolescentes. Viven en la pobreza 1.100.000, y 322.000 chicos de entre cinco y 17 años trabajan. Bueno, trabajar es un decir, porque en realidad son explotados.

Al final Juan y Pedro fueron entregados de nuevo a sus padres. Las autoridades competentes se comprometieron a monitorear su situación.

Pero sabemos que eso no va a pasar. Es triste, pero cotidiano. Lo vemos en cada semáforo todos los días. Una generación de niños que crece solitaria y sin esperanzas a la espera de lo que venga. De unas monedas o de cobardes golpes.