@uruser En los últimos tiempos se han establecido, con un sospechoso ímpetu, dos facetas de nuestra dirigencia política. El primero es el “se veía venir”, frase aplicada normalmente en situaciones que “ya se sabía luego que iba a terminar así”, resultado de malas construcciones, inciertos controles o deplorables trabajos (techos que se caen, pozos que se re-abren una y otra vez, jakares que se mueren por falta de agua y... bueno, completen ustedes, que esta columna solo tiene dos mil caracteres).
El “se veía venir” tiene cinco hermanos: Así nomás, Desidia, lnoperancia, Corrupción e Ineptitud (podrían haber más por ahí). Esta familia terrible, cual cáncer maligno, se extiende por todos lados y de alguna perversa manera, nos “tiene de hijos” a todos. Otro aspecto interesante y digno de estudios psicológicos y psiquiátricos es cuando se busca solucionar un problema, volviendo a un problema anterior.
Me explico: caso fondos del Fonacide, cuando muchos plantearon que volvieran al MEC, una institución que, en la práctica, ni siquiera fue capaz de controlar el estado de las escuelas y colegios antes de comenzar las clases (y hasta ahora hemos andado con suerte, que no se ha muerto ningún estudiante). O sea, volver al problema anterior (centralización, mala gestión y tragadas) para “solucionar” el nuevo problema.
Algo similar se plantea con el caso Senad: los que plantean eliminarla y quieran que vuelva a la policía, olvidan que algo similar ya había y se sacó para crear un organismo de coordinación. Hay algunos que plantean que sea un ministerio, cuando en ese caso, tendríamos que plantear antes una política de estado cierta con respecto a las drogas y fundamentalmente, definir exactamente una forma de trabajo porque, indiscutiblemente, con ciudades tomadas por el narcotráfico, evidentemente no funciona.
Y basta por hoy, porque está deprimente esta columna... se veía venir.