@marianonin1 Alguna vez alguien definió a Tacumbú como un depósito de humanos. Y lo es. En estas condiciones solo alberga a gente que, en el mejor de los casos, sobrevive a una condena. Las estadísticas no mienten, no ocultan lo que muchos pretenden ocultar. La cárcel en si no reforma, solo transforma. Casi el 40% de los presos son reincidentes. Pero es solo un factor.
Las condiciones extremas en el penal no son nuevas, son una herencia que va de Gobierno en Gobierno. Una bomba de tiempo que ya lleva tiempo. Tacumbú es solo una muestra. El sistema penitenciario en todo el país puede albergar a poco más de 6.000 reclusos. Hoy están hacinados más de 13.000. Una locura.
Al menos un 9% de los presos no tiene donde dormir, y no es un día, es un día tras otro. Y muchos, la gran mayoría, ni siquiera tienen condena. El 78% solo tiene prisión preventiva, por si acaso nomás.
Alguna autoridad dijo en estos días que las cárceles en Paraguay son como el infierno en la tierra y no es verdad. Al infierno te vas condenado, a las cárceles muchas veces no. El peligro solo es un condimento en el arte de sobrevivir en la cárcel. Drogas, alcohol y privilegios alimentan una mafia que mueve millones. Un secreto a voces que nadie en la justicia escucha. Y no va a escuchar porque es un negocio.
Quienes terminan en la cárcel, generalmente, son personas de pocos recursos, motochorros, delincuentes, ladrones de poca mota que la sociedad rechaza y que la justicia condena y olvida. Olvida. En nuestro país solo hay un guardiacárcel por cada 100 reclusos. No es una bomba de tiempo, es un chiste de mal gusto que nos dan a masticar.
Dentro de poco nadie se va a acordar de los cinco internos y el guardia que murieron por un incendio que se podría haber evitado. Esa es la verdad. Y muchos seguirán en oficinas con poca luz repartiéndose las ganancias de ese despojo de humanos en que se convirtió el sistema.