@augusto2s Dice el filosofo y expresidente, el “Pepe” Mujica, que lo que no se puede elegir es el país que nos toca de vecino y debemos luchar para convivir lo mejor y más productivamente posible.
Y es cierto. A mí me hubiera encantado vivir entre Suiza, Noruega y Dinamarca, pero la realidad es que vivo entre la Argentina y el Brasil.
Sin embargo, aparte de los berrinches que son propios de hermanos como de vecinos hay una importante tradición de amparo que, por rescatar un país, se ha visto en la Argentina y puntualmente en Buenos Aires con los desplazados paraguayos desde el siglo pasado.
Poetas como Eloy Fariña Núñez, o Elvio Romero, políticos como Waldino Ramón Lovera, músicos como Mauricio Cardozo Ocampo, deportistas como Arsenio Erico, pero también carpinteros como Felipe, zapateros como Pedro, albañiles como Federico, modistas como Julia, empleadas domésticas como Mariana, fueron recibidos por esta gigantesca urbe y confortados en la dignidad del trabajo, la paga oportuna, la subsistencia en algunos casos, la prosperidad y hasta la riqueza en otros.
La Argentina ha sido hospitalaria con nuestros compatriotas en estado de necesidad. Aun hoy niños paraguayos forman la misma cola que los niños argentinos en hospitales prestigiosos del nivel público de Buenos Aires, o Resistencia.