@diegopyo Aulas del siglo XIX, profesores que enseñan contenidos del siglo XX, a alumnos del siglo XXI es la frase que encontré mientras caminaba por la Plaza de la Democracia, en uno de sus murales. Este cuadro puede verse reflejado en un análisis internacional. De 148 países observados, Paraguay ocupa el puesto 111 en educación, según el Ranking de Competitividad Global 2014-2015 hecho por el Foro Económico Mundial.
Al respecto, la educación superior es crucial para las economías que quieren avanzar. China y Estados Unidos son ejemplos de constante superación a nivel mundial, mejorando las condiciones de vida de sus pobladores. En Sudamérica, Chile es el mejor posicionado, según el informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. De hecho, caminar por las calles de Santiago le permite a uno comprobar la incidencia de un pueblo culto, con gente que lee e investiga.
Bajo esa mirada, que el Estado paraguayo hoy abra la billetera para pagar la educación universitaria en el extranjero a unos 1.500 profesionales paraguayos, permite tener un panorama alentador de nuestro país en 3 a 4 años, cuando vuelvan a la nación los que recibieron instrucción en las mejores universidades del mundo.
Hoy y hasta el viernes 7 de agosto cualquier profesional puede conocer las bases y condiciones para ser beneficiado con las primeras becas para maestrías y doctorados. Podríamos aventurarnos a imaginar un contexto positivamente alterado en un futuro cercano de contar con más investigadores altamente capacitados: Una escuela que enseña a pensar criteriosamente, con profesores investigadores del siglo XXI, a alumnos de toda la vida.
Está claro que no basta con tener una licenciatura. Es apenas una base productiva. Se requiere especialización y profundización. El desarrollo profesional es insustituible aún frente a las nuevas tecnologías. Gracias a las becas, como ocurre en otros países, el sistema logra una masa crítica más amplia de personas con estudios, lo que conforma una sociedad más competitiva.