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Asunción: capital de moho y orina

Caminar sola por las calles de Asunción solo transmite temor. ¿Sentarte a esperar a alguien en una plaza? ¡Olvidate! Te convierte en regalito para los asaltantes.

Lula Cano Por Lula Cano

Es imposible no sentir tristeza al recorrer las calles del microcentro de Asunción. Cada esquina refleja el olvido y la decadencia de la política nacional.

Las casonas nos relatan nuestra propia historia y hasta la evolución de la arquitectura, pero se encuentran en ruinas. Las paredes invadidas por el moho, los muros agrietados, las ventanas y puertas clausuradas con maderas viejas.

El “casco histórico” lejos de transportarnos al pasado, nos sumerge en los años de desidia de cada gobernador de turno. “Sus naranjos y sus flores”, como señala la música Canto al Paraguay, ya no adornan la capital. Ahora solo le caracteriza el olor a orina y las personas en situación de calle.

Ni los sitios icónicos se salvan. Ya nadie puede ni pasar frente a la Escalinata de Antequera porque es refugio de delincuentes.

¿Sentarte a esperar a alguien en una plaza? ¡Olvidate! Te convierte en regalito para los asaltantes. En enero del año pasado, una niña indígena fue abusada sexualmente por indigentes que tomaron la abandonada ex Cervecería Paraguaya.

Caminar sola por las calles de Asunción solo transmite temor.

La ley de Protección de Patrimonio Cultural es letra muerta, así que es hora que todos los estamentos se involucren en recuperar la capital porque claramente ningún intendente pudo con la responsabilidad.

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