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Acabar con la indiferencia

Cuando el clima se vuelve extremo en países pocos desarrollados, como el nuestro, la pobreza y la desigualdad son mucho más visibles.

El frío polar, con temperaturas que llegaron a -1,0 °C en algunos puntos del país, es una desgracia para la población más carenciada.

Alardear en redes sociales el amor por las temperaturas bajas y los días lluviosos, sin duda es un privilegio que lo disfruta una minoría.

La otra parte, que posiblemente no se encuentra en Facebook ni Instagram, son unos 1.679.000 habitantes del Paraguay. Estos representan un 24,2% de la población total del país y son quienes se encuentran en situación de pobreza y pobreza extrema.

En la zona urbana, los primeros afectados son las familias ribereñas. Pero en realidad, la pobreza azota con mayor fuerza en las zonas rurales. Según la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos, hay unas 916.000 personas pobres en el campo. Mientras que en el área urbana serían unas 763.000.

La gente del campo no tiene tiempo para amar el “clima londinense” ni de disfrutar de los fines de semana en la cama viendo Netflix. Ellos viven con el Jesús en la boca, rogando que la helada no fulmine sus plantaciones, del que depende toda la familia.

No podemos evitar los días de tremendo frío, tampoco tenés por qué dejar de disfrutar del clima helado debido a la desigualdad reinante en el país. Pero podés desechar la indiferencia y hacer, si te toca, lo posible para ayudar a quienes no tienen la misma fortuna.

Un plato de comida caliente para los niños que trabajan en la calle puede ser más valioso de lo que te imaginás.

Doná la ropa de invierno que ya no usás, las que ya no le quedan a tus hijos, a las campañas de recolección de abrigo. Muchas de ellas van al campo, a las comunidades indígenas. Apoyá las ferias campesinas que se organizan en la ciudad. Así, todos podremos contar la historia de los días más fríos, vividos en un país empapado de corrupción pero no de indiferencia.

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