17 jul. 2024

Posadeños se ilusionan con beatificación de paraguaya

María de la Cruz Morínigo fue la “madre” de cientos de niños pobres. A 31 años de su muerte: hay clubes, calle y museo con su nombre.

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María de la Cruz Morínigo, junto a varias niñas.

Gentileza

María de la Cruz Morínigo, oriunda de Bernardino Caballero, distrito del departamento de Paraguarí, podría convertirse en la primera beata de Posadas, Misiones.

La vida solidaria y llena de amor hacia los niños y adolescentes llevó a los posadeños a reconocerla como “la santa de los pobres”.

Nació el 3 de mayo de 1931, en Caballero, y falleció el 21 de junio de 1993, a los 62 años.

Ayer, por los 31 años de su muerte, la “Asociación Club Palomas del Espíritu Santo, María Morínigo”, recordó que el año pasado presentaron al Obispado el pedido oficial de beatificación de María de la Cruz.

Actualmente, la Iglesia Católica se encuentra estudiando más de 30 tomos de testimonios acerca del trabajo social y de fe de la paraguaya.

Su historia

María de la Cruz Morínigo llegó a Posadas, a los 17 años de edad (1941), con su mamá y sus hermanos.

Eran una familia pobre, pero muy rica de espíritu. María y sus hermanos recorrían las calles de Posadas vendiendo ka´i ladrillo o rapadura de caña de azúcar, que elaboraba su mamá.

Trabajando conoció la realidad de muchos barrios pobres. Conoció a varios niños sin hogar, sin comida, sin estudios, que se ganaban el pan mendigando.

La Dra. Emilia Itati Juañuk, quien recopiló los cientos de testimonios, asegura que la joven se consagró ante la Virgen María y pidió por todos los niños desfavorecidos.

Es ahí cuando sintió la necesidad de llevarlos a su casa. Ese día comenzó la tarea de buscar donaciones para los más necesitados. Pronto comenzó a enseñar en la Catequesis y las puertas se les fueron abriendo.

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Otra imagen de María de la Cruz junto a niños y adolescentes.

María y el fútbol

La compatriota fundó el Club Palomas del Espíritu Santo, el 17 de agosto de 1948, en honor a José de San Martín. Club que actualmente es una de las más grandes de Posadas.

El fútbol fue su gran aliado, por medio del deporte acercaba a los jóvenes a Dios y les alejaba del mal camino. También conseguía ingresos para sostener su trabajo humanitario.

Sus “hijos del corazón” cuentan que era muy estricta: aquel que no iba a misa de mañana, directamente no jugaba.

Creó los equipos: Ángeles de cara limpia, Picaflor, Cerro Porteño, Piedra Brillante, Real de Madrid y, su más querido, Palomas del Espíritu Santo.

Las niñas eran muy mimadas. Todas celebraban su fiesta de 15 años, con vestidos blancos y las mejores orquestas.

En 1992 enfermó de asma crónica. Falleció un año después. Sus restos están sepultados en Bernardino Caballero, junto con los de su mamá y sus hermanos.