El Día del Maestro no fue un 30 de abril cualquiera para el profesor de Historia y Geografía de Loma Pytã y Mariano Roque Alonso, Pilsen Araujo (51). Mientras el país celebraba a full a los docentes, a él le llegó el regalo más esperado, pero también el más nostálgico: su resolución de jubilación.
Después de dos décadas de entrega, el hombre que porta el nombre más “refrescante” del Paraguay se jubila, pero no para descansar, sino para meterse de lleno en el cuidado de sus hijos.
“Estoy muy feliz por lo que di y ahora ya estoy más enfocado en mi familia, voy a dedicarme a ellos”
“Estoy muy agradecido con todos y por todo lo que logré en este tiempo y más en estos últimos años donde dediqué todo lo que aprendí en las aulas en el Ministerio de Educación”, expresó.
Su mejor cátedra
Detrás del nombre pintoresco y los años de aula, hay un papá con un corazón de oro. Pilsen tiene cuatro hijos, y su gran motor para pedir la jubilación fue precisamente el deseo de estar con ellos a tiempo completo.
“Mi prioridad, mi corazón hoy son mis hijos. Era mi anhelo desde que metí la solicitud”, relató emocionado. Ahora que su señora empieza a laburar en el Call Center de COPACO, al profe le toca el turno de cuidar de los niños.
La llave
Llamarse como la “rubia espumante” no es poca cosa. El profe cuenta que su nombre siempre fue el mejor “rompehielo” en cualquier lugar al que iba.
“Donde me presentaba, ya sea con alumnos o en capacitaciones a colegas, el nombre llamaba la atención. Fue una llave que me abrió puertas para relacionarme con la gente”, comentó a EXTRA y agregó que le sirvió también para “ganarse” a los estudiantes, quienes se “abrían” más con él.
Pero no faltaban los muchachos que, apenas escuchaban su nombre, le soltaban un “Ja’umina” o el clásico eslogan de la marca de cerveza: “Ñande mba’e teete”.
Destapó el éxito
Sin embargo, más allá de las cargadas con buena onda, el profe supo ganarse el respeto en el aula y en los últimos tiempos ya en los pasillos del Ministerio de Educación y Ciencias (MEC), en el área de la Dirección General Pedagógica, donde craneó materiales que hoy usan miles de niños.
“Están saliendo los del séptimo, octavo y noveno grado. Estoy muy agradecido por esa oportunidad, creo que dejé todo por la educación”, dijo.
Embriagado de amor
A sus hijos le dicen de cariño: Pilsen’i.
Y como no todo es trabajo, el maestro Pilsen también se puso romántico.
Contó que su patrona no toma ni una gota de alcohol, pero asegura que están “demasiado enamorados” porque él la “embriaga con su amor”, he’i. Su esposa le ayuda en todo. Y a sus hijos les dicen con cariño Pilsen’i.
“Estoy satisfecho por lo que hice, pero ahora soy el niñero oficial. Llego de la oficina y ya entro en esa función”, contó de cómo eran sus últimos días en el laburo.
Aunque está en esa “nebulosa” de no saber bien qué rumbo tomará desde ahora, tiene bien claro que quiere seguir aportando en cuanto a la educación inclusiva.
Su nombre le puso su papá porque le gustaba esa cerveza.