“No me quiero ir todavía, no quiero dejar solo a mi hijo de 3 añitos”. Con esa frase, María Ernesta Ojeda (26) resume el motivo que la mantiene de pie en medio de una dura batalla contra el cáncer de mama metastásico.
La joven es oriunda de Vaquería, Caaguazú, y desde allí debe trasladarse constantemente hasta el Instituto Nacional del Cáncer (Incan), en Capiatá, para seguir con sus quimioterapias y controles médicos. Pero el tratamiento no solo le exige fuerzas: también necesita una importante cantidad de dinero para estudios, medicamentos, insumos y transporte.
María fue diagnosticada en abril del 2024. En ese momento cursaba el tercer año de Odontología y tenía una vida completamente distinta.
“Me diagnosticaron la enfermedad en abril del 2024. Transformó mi vida en una pesadilla. Quedé muy débil y tuve que dejar mis estudios”, contó al portal Diario Vanguardia.
La enfermedad también se extendió a su columna vertebral, al punto de dejarla paralítica durante dos meses.
“Estaba como un bebé, mi marido me cuidaba día y noche”, recordó.
Hoy vive temporalmente en la casa de su mamá, debido a que queda más cerca del hospital. A pesar de los dolores y las dificultades, sigue aferrada a la esperanza de recuperarse y poder ver crecer a su pequeño.
“Tengo un niño de 3 años, él es mi motivo de lucha. No me quiero ir todavía, no quiero dejarle solo. Es mi mayor motivación para seguir luchando”, expresó entre lágrimas.
Necesita un estudio urgente
Entre sus principales necesidades se encuentra la realización de un PET Scan, estudio que permitirá determinar si la enfermedad avanzó hacia otros órganos y ayudará a los médicos a definir los siguientes pasos de su tratamiento.
A esto se suma el elevado costo de los medicamentos. María explicó que en varias ocasiones siente que las fuerzas se le acaban, pero no por falta de ganas de vivir.
“Quiero estar bien, quiero tener todos los medicamentos que necesito. Son muchos y muy costosos. Por eso a veces me quiero rendir, no porque me falte esa energía de luchar, sino por la falta de medicamentos e insumos para seguir bien el tratamiento”, lamentó.
El traslado hasta el Incan también representa un desafío. Debido al estado de su columna, no puede viajar en ómnibus y necesita movilizarse de otra manera, lo que aumenta considerablemente los gastos.
“Mi hijo me necesita”
María agradeció profundamente a su familia por acompañarla durante este proceso y destacó especialmente el apoyo de su marido, quien la cuida durante los momentos más difíciles.
Pese a todo lo que le tocó vivir, la joven no quiere rendirse y también dejó un mensaje para otras personas que atraviesan tratamientos contra el cáncer.
“Ya pasé por muchos dolores, miedo, pasé por muchas cosas. No tengan miedo de vivir su vida, batallen”, dijo.
Su mayor sueño ahora es seguir viviendo, recuperarse y acompañar a su hijo de 3 años mientras crece.
Quienes deseen ayudar a María pueden comunicarse directamente con ella al (0981) 855-746. Cualquier colaboración puede significar un pasaje, un medicamento, un estudio o simplemente una oportunidad más para que esta joven mamá continúe luchando por su vida.