“Una terapia que recibí me hizo entender que lo que pasó no fue mi culpa y me dio fuerzas para volver a denunciar los abusos sexuales que sufrí en manos de mi hermano, primo y papá desde nena”, dijo a EXTRA ayer una mujer de 27 años.
La joven contó que el primero en someterla a los 5 años fue su hermano. “Él tenía como 15 años.
Mi mamá murió a esa edad y me llevó mi tía y allí fui abusada por mi primo. Mi hermano tiene 37 y mi primo como 35. Cuando tenía 15 años, me fui a vivir con mi papá que tiene ahora 57 años”, relató.
Cosas de payé
El papá es vendedor, además lee las cartas y las manos: es espiritista.
“Él abusó de mí y me dijo que los espíritus le dijeron que yo debía ser su mujer. Me amenazaba que me iba a hacer trabajos si contaba, tenía miedo. Salí de la casa y formé mi familia. Papá se enfermó y lo llevé a casa en Capiatá por miedo y estaba en una pieza. Allí hizo sus trabajos y ahora nadie puede dormir allí por las cosas extrañas que pasan”, dijo.
El caso es llevado por la fiscal Carolina Martínez.