Una mujer denunció que vive con miedo por las amenazas y hostigamientos de su expareja, padre de sus tres hijos.
La señora Teresa F. G acusó a Gabriel Cáceres Sanabria de someterla durante más de 20 años a violencia física y psicológica.
Historia de terror
Desesperada, pidió auxilio porque, según dijo, las autoridades la tienen “como pelotita de ping-pong”, enviándola de una institución a otra sin darle una solución.
Teresa indicó que hace dos años se animó a denunciar a Cáceres Sanabria y con mucho esfuerzo, lágrimas y sufrimiento, logró sacarlo de la casa, en Limpio, donde viven con sus niños.
Se hizo responsable del hogar. Anteriormente, cuando todavía vivía con su expareja ese era el principal problema: ella vivía prácticamente aislada, tenía permitido únicamente salir para llevar a los chicos a la escuela. Y dependía económicamente de él.
Se libró del hombre violento, sin embargo, aseguró que el acoso nunca terminó.
En abril incluso tuvo que gestionar una orden de alejamiento, firmada por la jueza de paz Lourdes Ortega Lovera.
“Los papeles no sirven para nada”, lamentó la mujer, ya que el hombre vive a pocas cuadras de su casa y continúa hostigándola.
Según relató, el denunciado pasa frente a su vivienda, se burla de ella y atemoriza a sus propios hijos menores, de 7, 9 y 11 años.
La última denuncia fue presentada el 3 de mayo. Teresa denunció que el hombre ingresó a su casa, la violentó y se llevó los documentos de su vehículo. Además, le habría dicho que no iba a parar “hasta dejarla en la calle”.
“Quiere apropiarse de todas mis cosas: el auto, las casa, todo. No le importa sus hijos”, expresó.
La mujer también acudió a la Fiscalía, donde le informaron que debía reabrirse una nueva causa. Pero ella teme que no haya tiempo.
“Me va a matar”, dijo con angustia.
Teresa pidió ayuda urgente para gestionar los documentos que le permitan viajar a Argentina con sus hijos, quienes son argentinos. Su intención es vender todas sus pertenencias e irse del país.
Los tres niños ya no van a la escuela
Los chicos viven con miedo, según comentó la madre.
Incluso dejaron de asistir a la escuela porque para llegar deben pasar frente a la casa de familiares del padre, donde actualmente él reside.
“Les amenaza a sus propios hijos”, denunció.
La señora cree que la única manera de conseguir paz es dejando el país.
“Si nos quedamos el Paraguay, él no va a parar. Quiero un futuro para mis hijos”, manifestó Teresa.