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Florista del Cementerio de la Recoleta salvó la vida a decenas de michis

Doña Catalina Martínez usa gran parte de sus ganancias de la venta de flores para comprar comida y alimentar a los gatitos que son tirados en el camposanto.

Casi más de 15 horas pasa al día doña Catalina Martínez, una antigua vendedora de flores, frente al Cementerio de la Recoleta ofreciendo y ordenando las flores más frescas y sanas para sus clientes que van a visitar a sus familiares fallecidos.

Con este noble trabajo junta monedita por monedita para comprarse el pan de cada día y comprar comida a los decenas de gatos que son abandonados por dueños irresponsables o se reproducen en el camposanto. Catalina señaló que tiene un gran amor incondicional hacia los michis y que si le da la posibilidad en los meses que vende más, paga hasta el servicio de un veterinario para que atiendan o castren a los peluditos.

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Pese a que quiere todos, tiene dos compañeros gatunos que ya lo acompañan desde hace unos años: Cacho y Micaela, sus dos michis más cercanos que son sus "ayudante" en su pequeño local. Sus clientes admiran la belleza y el cuidado que tienen ambos, pese a ser de la calle.

Los conocidos de "Ña Cata", como la conocen en la Parroquia de la Recoleta, así como algunos de sus clientes, pidieron apoyarla en su negocio, ya que mucho de lo que gana lo invierte en los gatitos más necesitados.

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