Miguel Ángel Guillén Olazar, de 49 años, tenía una técnica que le venía funcionando muy bien hasta que la Policía le cortó la racha en San Lorenzo.
El hombre recorría las rutas en una furgoneta Toyota Voxy blanca y se presentaba en las estaciones de servicio como un cliente cualquiera. Pedía que le carguen combustible al vehículo, pero cuando llegaba el momento de sacar la billetera, lo que sacaba era un arma de fuego para apretar a los trabajadores y llevarse toda la plata de la caja.
Según los investigadores, el tipo ya venía haciendo varios golpes usando siempre el mismo método. Llegaba tranquilo, esperaba que el playero termine de cargarle el combustible y ahí sacaba a relucir su antecedente por homicidio, amenazando con un arma y diciendo que “ya no tenía nada que perder” para apretar a sus víctimas y quedarse con la recaudación del día. Después de eso, rajaba rápidamente del lugar a bordo de la furgoneta blanca.
Las denuncias comenzaron a acumularse y varias dependencias policiales de Central iniciaron la búsqueda del vehículo. Los uniformados manejaban datos de que el sospechoso venía desde Ciudad del Este y que durante el trayecto habría cometido distintos asaltos en estaciones de servicio.
Lo llevó hasta el cajero
Pero el tipo no se quedó conforme y los golpes no terminaron ahí. Ya en San Lorenzo, el hombre también habría apretado a una persona en plena calle. De acuerdo con la Policía, obligó a la víctima a subir con él y la llevó hasta un cajero, donde le forzó a retirar unos 500.000 guaraníes para después quedarse con toda la plata.
La persecución terminó anteayer a la noche sobre la ruta PY02, en la zona del barrio San Miguel de San Lorenzo. Los agentes de la Comisaría 1ª pillaron la camioneta y procedieron a detener al sospechoso.
Pero cuando los policías fueron para ponerle las esposas, se dieron cuenta de que el tipo tenía heridas feas en las piernas por culpa de su diabetes. Como estaba en un estado delicado, primero tuvieron que auxiliarle y llevarle a un hospital antes de mandarlo directo al calabozo.
Incluso le llevaron hasta la Fiscalía para que declare por todos los golpes que se le acusan, pero después tuvo que volver a quedar internado para seguir con su tratamiento médico. El caso se sigue investigando y no descartan que aparezcan más víctimas que hayan sido apretadas con el mismo “modus operandi”.