Pedro Florentín recorre cada día entre 3 y 4 kilómetros montado en su burrito para llegar hasta su escuela en la comunidad de Loma Guazú, distrito de Sapucái, departamento de Paraguarí, donde va al sexto grado.
Él es de Costa Po’i y usa una linterna para iluminar el camino. Cuando llega, no falta el amiguito que se acerque a acariciar a su compañero de batallas.
Su historia es de superación porque sus padres criaron un ternerito para juntar y comprar una moto, destacó el Portal de Sapucái.
Sin embargo, le robaron el ternero y aún así decidieron que nada detuviera los estudios de su hijo.
“Su sueño siempre fue tener un burrito. Ahora que su abuela le regaló al fin un burrito, solo quiere irse en su burrito. Ama los burritos y los caballos”, señaló en redes una allegada identificada como Mburukuja Poty Torres.
“Llueva, haga calor o el camino sea largo, él va porque entendió algo que muchos adultos olvidamos: cuando la voluntad es más fuerte que las dificultades, no hay distancia que pare”, expresó el sitio Portal de Sapucái.
Cabe señalar que muchos de sus compañeritos también van a pie a la escuela cuando todavía es oscuro.
“La rutina del pequeño pone nuevamente sobre la mesa el debate acerca del horario que actualmente ya queda fijo, una medida que, según diversos sectores, no contempla la realidad de los estudiantes que viven en comunidades rurales y deben recorrer largas distancias para acceder a la educación”, indicó Nepomuceno News.