Ella no lo veía venir. Vestida de mostaza a cuadros y él con una remera del mismo color, casi sin darse cuenta de la coincidencia, Raúl y Mónica subieron juntos hasta uno de los puntos más visitados de Brasil: el Cristo Redentor. Habían viajado como una pareja más, con ganas de conocer, sacarse fotos y llevarse recuerdos para Paraguay, pero ese paseo iba a cambiarles la vida.
Como cualquier turista, primero caminaron, miraron el paisaje y posaron para algunas fotos con la ciudad de Río de Janeiro de fondo. Todo parecía normal, hasta que Mónica se dio vuelta y se encontró con una escena que jamás olvidará: Raúl estaba arrodillado, con un anillo en la mano, listo para hacer la pregunta más importante.
El “sí” fue inmediato. No hubo dudas ni silencios largos. La emoción se apoderó del lugar y, aunque era un momento íntimo, no pasó desapercibido. Los turistas que estaban alrededor comenzaron a gritar, aplaudir y a felicitar a la pareja, contagiados por la alegría del instante.
Entre abrazos, lágrimas y sonrisas, Raúl alzó a Mónica en sus brazos mientras de fondo se escuchaban aplausos y gritos de “bravo”. Ella, visiblemente emocionada, no pudo contener el llanto de felicidad, sellando así una escena digna de película.
La pareja, que ya tiene dos hermosos hijos, recibió en los días siguientes una lluvia de halagos y mensajes de cariño. Muchos destacaron el amor que transmiten y la sencillez del gesto, que logró emocionar incluso a completos desconocidos.
El pedido de matrimonio ocurrió hace pocos días, pero ya se convirtió en un recuerdo imborrable para Raúl y Mónica, una historia de amor paraguaya que tuvo como testigo a uno de los monumentos más emblemáticos del mundo.