El Gobierno brasileño lanzó ayer una gran operación para desmantelar un enorme esquema criminal que lavaba dinero mediante alrededor de 1.000 surtidores que gestionaron 52.000 millones de reales (unos 9.500 millones de dólares) en el periodo investigado.
La operación, considerada como la mayor jamás realizada contra el crimen organizado en la historia de Brasil, tiene en la mira varios puntos de la cadena de distribución de combustibles.
Los investigados, que según los medios locales pertenecen al Primer Comando da Capital (PCC), la más poderosa facción criminal del país, importaron más de 10.000 millones de reales (unos 1.800 millones de dólares) en combustibles entre 2020 y 2024.
El Ministerio de Hacienda afirmó que este esquema evitaba pagar “reiteradamente” los impuestos en sus operaciones de venta, ya que sus pagos tributarios eran “incompatibles” con su nivel de actividad.
Mezclaban
Además, mezclaban el combustible vendido con metanol (alcohol).
Los delincuentes movían sus ganancias en bancos digitales o ‘fintechs’, una de las cuales actuaba como “banco paralelo” de la organización criminal con transacciones que superaron los 46.000 millones de reales (unos 8.400 millones de dólares) entre 2020 y 2024.
El uso de ‘fintechs’ en vez de bancos tradicionales, es para evitar que se rastree el origen de los recursos, ya que es un sistema no regulado. Esas plataformas, reinvertían el dinero en negocios y propiedades como la terminal portuaria, cuatro fábricas de alcohol, 1.600 camiones, entre otros.