Pasó casi una vida arreglando calzados, pero a sus 64 años cumplió su sueño de ser abogado.
Juan Carlos Areco nació en Argentina. Sus padres paraguayos viajaron al vecino país, en busca de oportunidades. Pero la vida no fue fácil.
Desde muy jovencito, Juan tuvo que valerse de sí mismo para comer. Trabajó como zapatero desde los 11 años y no culminó la secundaria.
En la provincia de Santiago del Estero, Argentina, se casó. También descubrió su vocación: la de ayudar a las personas más pobres.
“Desde chico sabía que quería ser abogado. Siempre lo dije, pero de grande recién comprendí que era la mejor manera para ayudar a resolver injusticias”, manifestó don Juan.
Desafortunadamente, la esposa de don Areco falleció y su mundo se vino abajo. Luego de un tiempo, se propuso reconstruir su vida.
“Me metí a la escuela, allá en la villa de Argentina. Terminé mi secundaria a los 40 años. No quería que termine ahí, así que empecé a averiguar sobre la facultad”, expresó el señor.
Don Areco llegó a Paraguay en el 2016, en busca de sus raíces. Presto a empezar de cero, alquiló una piecita en la ciudad de San Antonio y montó su zapatería.
“No tenía ni colchón, dormía sobre un cartón. Ahorré cada guaraní para pagar mi facultad y el lunes juré como abogado”, dijo.
Don Areco está orgulloso de sus logros, pero aconseja a los jóvenes no abandonar sus estudios.