Un gallo blanco, de nombre Pipo, mejor amigo de una señora, llegó a la veterinaria Asunción Pet en estado delicado tras el ataque de un perro.
El doctor Pedro Ferrer notó que el problema estaba en la pata derecha y lo llevó a rayos X. La ecografía mostró fracturas en la tibia y peroné, que solo podían arreglarse con una cirugía.
Para sorpresa de todos, la dueña aceptó que Pipo entre al quirófano.
“El gallo fue anestesiado con gas inhalatorio, como se realiza a las personas. Le colocamos un clavo intramedular, que le da dirección, permite que el hueso no se doble y un fijador, que evita que haya rotación y hace que pueda apoyar rápido”, dijo el doctor Ferrer.
La operación no tuvo ninguna complicación. Tras la intervención, Pipo estuvo en una jaula especial, acolchonada, para evitar que se golpee.
A los un mes y medio, le retiraron los clavos y se recuperó casi solo, porque realizarle fisioterapia fue muy difícil.
“Hasta yo me sorprendí, porque normalmente el gallo terminaría en la olla o le aplicarían la eutanasia, debido a que la cirugía conlleva un gasto importante. La señora me contó que el gallo creció con ellos y es parte de la familia. Su dueña le dio otra oportunidad y una gran vida, por el amor que le tiene”, señaló el veterinario.
El doctor Ferrer, señaló que anteriormente ha operado a aves exóticas, pero fue la primera vez que un gallo pasó por sus manos.