Dos bochincheros tuvieron con los policías. Uno de ellos, Mario Céspedes Benítez (41) terminó en el calabozo luego de hacer un escándalo en la Comisaría Santa Isabel de Caaguazú.
Todo ocurrió a las 01:40 del domingo, cuando un patrullero que rondaba por el barrio San Francisco se encontró una reunión no tan karape’i, ya que estaban musiqueando y tomando a full en plena calle, sobre la calle Yacú.
Los uniformados solicitaron a los presentes que se dispersen, ya que pasó la hora permitida de circulación.
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En ese momento no dijeron nada a los policías, pero al parecer Mario se quedó con “una espinita”, como se dice, y se fue a descargarse sobre una oficial que estaba de guardia. La poli tuvo que pedir refuerzo a sus compañeros que llegaron justito cuando ella estaba siendo amenazada con ser agredida.
“Se incautó el camión con el que vino. Allí se encontró una conservadora, tenía seis latas de cervezas Budweiser, un equipo de música portátil de la marca EWTTO, color negro y la suma de G. 1.570.000, además de un celular”, detalla el informe.
La oficial Vidali Ortiz confirmó que el hombre ya salió en libertad ayer, pero con medidas alternativas.
Otro fiestero
Eduardo Monzón Florentín se quedó sin auto luego de que se le incautara.
Según el informe policial, los vecinos del barrio Niño Jesús de Hernandarias ya no podían seguir escuchando la música estridente del joven y llamaron al 911.
Pasada la medianoche, Monzón y un grupo de mujeres y hombres estaban cerveceando en la vereda y reventando el parlante del auto de la marca Volvo. La patrullera llegó, pero los fiesteros se dieron cuenta, bloquearon las puertas del rodado y entraron a la casa, en todo momento negaron identificarse.
El hecho fue denunciado a la fiscal Natalia Montanía quien dispuso que con grúa el vehículo fuera trasladado hasta la sede del Ministerio Público.
Farra en la calle
En el barrio Republicano de Asunción se armó un feroz bailongo con cerveza incluida, en el medio de la calle entre el viernes y el sábado. Los vecinos denunciaron que muchísimo llamaron al 911, pero no respondieron. Lo que más temían es que, por momentos, había empujones y gritos entre los muchachos.