Aunque no nació en Luque, el pa’i Miguel Ortigoza tiene un afecto especial hacia el Sportivo Luqueño.
“Dentro de mi familia, en mi sangre, el azul y oro está muy presente”, expresó a EXTRA.
Él fue invitado especial el lunes de la Misa Auriazul, de todos los años, en el Santuario Virgen del Rosario, con el plantel y los simpatizantes antes del inicio del Apertura.
Debajo de su atuendo de sacerdote, se puso la camiseta del Kure Luque.
“El hermano menor de mi papá fue jugador del Sportivo Luqueño en los ‘90 y fue transferido a España. Número 8, de apodo Pizuti, Celso Ortigoza”, recordó.
Destacó que Luque tiene una rica historia ligada a los sacerdotes y el fútbol. El Sportivo surgió de la unión de tres clubes a pedido del pa’i Pantaleón García, quien quería a la comunidad unida, hace más de un siglo.
“En el 2005 estuvimos mal, casi al descenso, en el 2006 repuntamos y en el 2007 salimos campeón de la Apertura”, relató con precisión.
“Yo estaba por la cancha, terminaba mi servicio desde la iglesia y ya me iba a alentar, a llorar cuando perdíamos y a acompañar también”, manifestó.
Contó que él prestó su servicio sacerdotal en Luque entre 2004 y 2010. Actualmente es párroco en Asunción y capellán.
La Misa Auriazul estuvo a cargo de Diego Franco. Ortigoza mencionó que la religión va de la mano con el deporte. Comentó que el Vaticano se pronunció al respecto en el 2018 en el “Documento sobre la perspectiva cristiana del deporte y la persona humana”.
Como gesto de retribución, el club le regaló para su nueva camiseta azul y oro.
“La violencia no es parte del deporte, no forma parte de lo que es el amor a un club o al fútbol, la violencia en todos lados es también un poco la manifestación de cuán deteriorada está la sociedad. Jesús dice, ‘yo he venido a traer la paz y a que todos se vean como hermanos’”, destacó.