Reunidos en torno a la mesa, la familia Paiva se disponía a almorzar, momento en que el menor de todos, ilusionado con forjar carrera detrás de la pelota, interrumpió el momento con una pregunta.
"¿Qué quieren de mí cuando sea jugador?”, consultó Guillermo Paiva, quien en ese entonces ya tenía un futuro prometedor.
Ante la pregunta, llegó una respuesta que incluso hizo que algunas lágrimas cayeran en aquella casa ubicada en Presidente Franco, Alto Paraná.
“Que nunca me olvides y cuando tengas tiempo vengas a jugar conmigo a los videojuegos”, respondió Diego. Para Guillermo aquellas palabras le produjeron un nudo en la garganta. “Dejé mi comida, me fui a mi habitación y empecé a llorar”, contó el pelotero. Así comenzaba la conmovedora historia del jugador del Náutico de Brasil que el portal Globo Esporte se encargó de dar a conocer.
Diego, hermano mayor de Guillermo, había sufrido la falta de oxígeno al nacer, dejándole graves secuelas, una de ellas no poder caminar. Su hermano se convirtió en la principal motivación para dar lo mejor de sí en cada partido. “Mientras yo exista, nunca estarás solo”, fue la respuesta del atacante a Diego.
Ese compromiso se hizo eterno ahora con el tatuaje que tiene en el antebrazo izquierdo. En la imagen se observa al futbolista tomar de la mano a su hermano mirando un estadio de fútbol. Guillermo fue jugador de las inferiores de Olimpia, fue a Venezuela y de allí vino al fútbol de Brasil.