¿Quién no le pidió alguna vez una ayudita a Dios cuando juega la Albirroja? En Paraguay, donde el fútbol se vive con pasión y cada Mundial despierta sueños de gloria, no faltan los que elevan una oración antes de un partido decisivo, una semifinal o una final. Entre promesas, cábalas y estampitas, muchos hinchas se preguntan: ¿está bien pedirle a Dios que gane la selección?
Dos sacerdotes mexicanos reflexionaron sobre esta cuestión en declaraciones a ACI Prensa, portal católico, e invitaron a vivir la fe y el deporte desde una mirada más profunda.
El pa’i David Jasso, que antes de ingresar al sacerdocio fue gerente deportivo del Club de Fútbol Monterrey y participó en los títulos obtenidos por la institución en 2009 y 2010, señaló que es válido presentar a Dios nuestros deseos e intenciones, incluso cuando se trata de un partido de fútbol. Sin embargo, advirtió que la fe no puede depender del resultado que marque el tablero.
“Si pedimos a Dios por nuestro equipo y no gana, no por eso debemos condicionar nuestra fe o achacarle a Dios el resultado”, explicó.
El sacerdote recordó que, en cada encuentro, tanto jugadores como aficionados de ambos bandos suelen pedir la victoria. Pero considera que Dios se alegra más al ver a las personas disfrutar sanamente del deporte que al decidir quién levanta la copa.
Por eso, sugirió orientar las oraciones hacia otras intenciones: pedir que el partido se dispute en paz, que reine el respeto entre los hinchas, que las familias puedan disfrutar de la fiesta deportiva y que los futbolistas compitan sin sufrir lesiones.
Jasso destacó además que el fútbol transmite valores que sirven para la vida diaria, como el juego limpio, el respeto a los rivales y a los árbitros, el trabajo en equipo y la capacidad de dejar el ego de lado para alcanzar un objetivo común.
La oración no reemplaza al esfuerzo
Por su parte, el sacerdote José de Jesús Aguilar recordó que “ni Dios ni la Virgen o los santos tienen como misión ayudar a meter goles o impedir que la pelota entre en la portería”.
Según explicó, la oración no sustituye la preparación, el sacrificio ni la estrategia. Más bien, ayuda a afrontar los desafíos con esperanza, confianza y una actitud positiva.
Ambos sacerdotes coincidieron en que el deporte también enseña a aceptar las derrotas. Como suele decir el padre Jasso, “el fútbol es lo más importante de lo menos importante”, una frase que invita a poner los resultados en perspectiva.
Según los sacerdotes, Dios acompaña a las personas tanto en los festejos de una victoria como en los momentos amargos de una derrota.