02 feb. 2026

“Soy bueno, le ofrezco un futuro juntos, pero no quiere nada”

Él quiere una relación seria, ella solo le hace caso cada tanto y luego desaparece.

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Soy Diego, tengo 38 años, y ya me gustaría formar una familia, pero la que quiero que sea la mamá de mis hijos no se decide.

Ella se llama Analía, no es más una mitakuña’i, tiene 37 años, pero a veces se comporta como si lo fuera. Igual estoy loquito por ella.

La relación empezó hace años, éramos amigos y con el tiempo yo empecé a verla diferente. Al comienzo no entendía parece las indirectas, hasta que me fui a vivir a España y ahí nos pusimos a mensajear de seguido y le dije que me gustaba mucho. Cuando volví a Paraguay, parecía que me tenía vergüenza y quería esconderse de mí, hasta que le convencí y salimos.

Pasamos muy bien todas las veces que nos vimos, y tuvimos intimidad. Ahí más loco me puse por ella y pensé que ella también sintió lo mismo. Pero después desapareció otra vez.

No quise ser insistente porque creí que estaba en pareja con alguien o que no le gusté en la cama. Demasiado mal me sentí.

Reencuentro

Después de unas semanas volvimos a hablar y me tiró onda; estuvimos otra vez juntos y ahí ya me fui todito. Le dije los planes que tenía, que pensaba construir una casita en un terreno que tengo para que podamos vivir juntos más adelante y le confesé que quiero que tengamos por lo menos un hijo, ya que no estamos muy pendejos.

Creí que le iba a gustar la idea, pero otra vez lo mismo: desapareció y cuando le escribía me respondía cortante.

Ahí ya me sentí usado y poca cosa. Tal vez es porque trabajo en una fábrica y ella en oficina es que no quiere estar conmigo. Porque se nota que le gusto físicamente y nos divertimos también, pero de ahí a formalizar algo no quiere saber nada.

Pensé también que estaba saliendo con alguien más o que quería volver con su ex, de quien hace mucho ya se dejó, pero siempre está sola, no le veo ni me cuentan que está con otro.

Yo soy muy bueno con ella, le complazco en lo que quiere y respeto lo que me pide. Muy diferente a como solemos ser los varones, y ni así logro convencerla.

¿Será que debo cambiar algo en mi forma de tratarla? ¿O haga lo que haga no me va a querer para su compañero de vida?

La respuesta:

Diego, en esta tu historia no se observa falta de cariño de tu parte ni de proyección a futuro, sino una desincronía profunda de deseos y tiempos con ella. Por una parte; estás vos emocional y vitalmente disponible para construir y avanzar, mientras que Analía —más allá del afecto o la atracción— no logra sostener el compromiso cuando el vínculo se vuelve real y proyectivo. Sus idas y vueltas hablan más de sus propios temores, dudas o límites internos y no de tu valor como hombre o compañero, tenelo muy en cuenta por favor. En terapia solemos decir que amar bien no es convencer, sino encontrarse en un mismo proyecto. No necesitás cambiar tu forma de ser para que alguien te elija; necesitás escuchar lo que sus actos ya están diciéndote. Cuando el deseo de formar una familia no es compartido, insistir sólo suele profundizar el dolor. Cuidarte implica preguntarte si este vínculo, tal como está en este momento, puede ofrecerte la estabilidad y reciprocidad que anhelás para tu vida. La amorosa respuesta ya te habita, escuchala por favor!

Psicóloga clínica- Psicoterapeuta