Soy Natalia, me dicen Nati. Estoy pasando por un momento muy difícil. La verdad que la vida ha sido muy cruel conmigo. No sé qué tanto pude hacer de malo para que me pase todo lo que me pasó.
Realmente me siento entre la espada y la pared y no sé qué decisión tomar. Hace un tiempo, mi pareja sufrió un terrible accidente que le cambió la vida para siempre.
Ya pasaron varios años, y desde ese día él está en cama, casi sin reaccionar, dependiendo de mí para prácticamente todo. Los médicos ya nos dieron a entender que difícilmente vuelva a ser el hombre que era antes, y aunque me cuesta aceptarlo, en el fondo siento que nunca más voy a recuperar al compañero que tenía.
Tuvo un daño neurológico irreversible, por lo que él ya no puede hablar conmigo como antes, es un bebé de nuevo.
Yo le quiero muchísimo. Pasamos muchísimas cosas juntos, compartimos sueños, luchamos para salir adelante y nunca imaginé que nuestra historia iba a terminar así, aunque él siga vivo.
A veces me siento a su lado, le agarro la mano y me pongo a recordar cómo éramos antes. Me acuerdo de sus bromas, de nuestras salidas, de los planes que hacíamos y de todas esas pequeñas cosas que antes parecían normales, pero que hoy daría cualquier cosa por volver a vivir.
Desde el accidente todo es cuidarle, es estar pendiente de él, de sus remedios, de su higiene y de que no le falte nada. Termino el día agotadísima tanto física como emocionalmente.
En casa tenemos un negocio y entonces yo me encargo de él y del negocio sola.
Vergüenza
En medio de toda esta triste situación, hay algo que me da vergüenza reconocer: extraño mi vida. Extraño sentirme mujer, salir, reírme sin tener una preocupación en la cabeza y pensar en un futuro que no sea solamente cuidarle a él.
A veces pienso cómo sería volver a enamorarme, conocer a otra persona y tener una oportunidad de ser feliz. Pero siento mucha culpa después, tanto que termino llorando. Siento que, si rehago mi vida, estaría abandonando al hombre que estuvo conmigo cuando más lo necesitaba. Pienso que podría seguir cuidándole y, al mismo tiempo, permitirme conocer a otro hombre. Pero siempre vuelve la culpa.
Me pregunto qué diría la gente, qué pensarían nuestras familias. Pienso en que no quiero traicionar su amor.
Sinceramente no sé cuánto tiempo más voy a poder vivir de esta manera ¿Soy una mala mujer por solo pensar en rehacer mi vida alguna vez con otro hombre?
La respuesta:
Querer rehacer tu vida no significa que debas abandonar a tu pareja ni que tengas que tomar una decisión inmediata. Pero tampoco tenés que sacrificar indefinidamente tu bienestar por miedo al juicio de los demás. Es importante buscar apoyo familiar y profesional, explorar alternativas de cuidado y distribuir las responsabilidades. No podés sostener sola, durante años, una carga tan grande sin que tu propia salud se vea afectada.
Recordá algo importante, Nati: vos también merecés ser cuidada. Antes de decidir si querés iniciar una nueva relación, permitite reconocer qué necesitás y qué vida deseás construir. No tomes decisiones únicamente desde la culpa ni desde el agotamiento. El amor que compartieron forma parte de tu historia, pero tu vida también continúa. Buscar una oportunidad para ser feliz no borra lo que vivieron ni te convierte en una mala mujer.