Me llamo Delia. Hace 10 años que estoy con mi marido, y nunca antes fue tan tacaño como ahora. Se le ocurrió ahorrar lo máximo la electricidad. Si por él fuera, viviríamos a oscuras como antes, sin exagerar.
En verano comenzó a venir la factura con un monto mucho más alto de lo que suele ser. Desde ese día se convirtió en una especie de economista de la casa. Se pasa apagando luces, desenchufando electrodomésticos y vigilando quién prende qué y durante cuánto tiempo.
Al principio me parecía hasta simpático, me reía y todo de él. Pensé que era una preocupación momentánea. Pero con el tiempo se volvió insoportable. Si estoy cocinando y salgo un minuto de la cocina, él ya apagó la luz.
Si estoy doblando ropa en una pieza, entra a preguntarme si realmente necesito tener prendido el ventilador. Si dejo cargando mi celular durante la noche también se plaguea.
En días de mucho frío lo que no da gusto con él. Si me baño más de cinco minutos en la ducha caliente es para que esté en la puerta diciendo que va a venir mucho la luz, y decir que voy a usar calefacción o que olvidate, se re plaguea.
La semana pasada discutimos re mal. Llegué cansadísima después de trabajar, limpiar la casa y hacer un montón de cosas pendientes. Lo único que quería era ducharme y acostarme
Abrí la canilla y en seguida empezó a salir agua fría. Salí envuelta en toalla y le pregunté si se descompuso el calefón, porque queda afuera, en un pasillito y yo no puedo ver si se prende o no su lucecita. Y me dijo que desenchufó para que no consuma energía. Akairooooooo.
Agua caliente
Casi me da algo. Le pregunté por qué no me avisó y me respondió que era una decisión lógica porque, según él, nadie necesitaba tanta agua caliente.
Ahí exploté. No solamente por el calefón. Exploté por todas las veces que me sentí controlada dentro de mi propia casa. Por cada comentario sobre las luces. Por cada observación sobre el ventilador. Por cada vez que me hizo sentir culpable por usar algo tan básico como electricidad.
La discusión fue súper acalorada. Él insistía en que estaba cuidando la economía familiar. Yo insistía en que una cosa es ahorrar y otra muy distinta a vivir como indigentes en nuestra propia casa. Quiero saber si esto es normal licenciado y qué puedo hacer para que mi marido entre un poco en razón.
La respuesta:
Buenos días, mi estimada Delia. Los objetivos de mejor economía mal analizados pueden generar malestares y peores pérdidas por mal direccionadas. Según tu consulta final “quiero saber si esto es normal…” pues como lo relatás, no, porque una cosa es ajustar los cinturones en la economía familiar pero otra es vivir con precariedad o malestar por la fijación en un solo servicio o gasto. Deberías hablar bien con él, pero bajo un plan de trabajo, por un lado, que se asesore bien los consumos que tienen cada electrodoméstico o artefacto eléctrico de la casa, ya que no todos consumen igual (un foco con relación a la plancha), luego definir como se utilizara, pero en consenso contigo o la familia. Pero lo fundamental en esta tarea es ver otras acciones que se puedan hacer para mejorar la economía de la casa y no solo fijarse en la factura de la ANDE. Así puede aliviar su ansiedad sobre ese consumo y mejorar los gastos en forma integral. Pero todo esto bajo negociación conjunta ya que ambos trabajan, aportan y se merecen tener un buen pasar. Éxitos.