10 ene. 2026

“Mi marido es el más bueno, pero también es apostador y toma”

Cuando está con sus vicios cambia por completo, según cuenta Isabela.

ludopatía.JPG

Ilustración

Soy Isabela. No sé ni por dónde empezar. Siento que cada día que pasa mi corazón se rompe un poco más. Mi marido es, sin duda, el hombre más bueno del mundo.

Es cariñoso, atento y sabe cómo hacerme reír incluso en los momentos más difíciles. Cuando estamos juntos, siento que puedo enfrentar cualquier cosa, porque él siempre encuentra la manera de sacarme una sonrisa.

Pero hay otra parte de él que me aterra, que me hace sentir atrapada en un ciclo que parece no tener fin, siento que tenemos dos vidas.

Mi marido es alcohólico y apostador. Empezó con unos tragos de vez en cuando, con apuestas pequeñas, algo que yo creí que podía controlar.

Pero con el tiempo, cada vez está tomando más y más, y las apuestas crecieron hasta que perdimos muchísimas cosas ya.

No hay un solo día en que no tenga miedo por nuestra familia, por nuestros hijos, por nuestro hogar.

Alcohol

Cada vez que él llega tarde, con olor a alcohol, siento un nudo en la garganta. Cada vez que veo una notificación de una apuesta perdida, mi corazón se encoge.

Lo peor no es solo el dinero que se va, sino la transformación que veo en él. Pierde la paciencia fácilmente, se irrita por cualquier cosa y luego, cuando está sobrio, me abraza y me pide perdón como si con eso se borrara todo.

Es un ciclo agotador. Me hace sentir culpable por enojarme, y me pregunto constantemente si estoy siendo injusta. Pero sé que no es justo para mí ni para nuestros hijos vivir con miedo, incertidumbre y tristeza constante.

Siento que ya le estoy perdiendo y no sé cómo ayudarle. He intentado hablar, llorar, suplicar, pero las palabras parecen quedarse en el aire.

Sé que necesita ayuda profesional, pero él no lo reconoce. Y yo… yo me siento atrapada entre el amor que le tengo y la desesperación que me provoca su conducta.

No quiero renunciar a él, pero tampoco puedo permitir que esta situación destruya todo lo que hemos construido juntos ¿Qué me aconseja?

La respuesta:

Lo que estás viviendo es muy doloroso y no es una exageración. Amar a alguien con adicciones suele implicar convivir con dos realidades: la persona amorosa y aquella que la enfermedad transforma. Esa ambivalencia no es tu confusión, es el impacto de la adicción. El alcoholismo y el juego no afectan solo a quien lo padece; dañan a la pareja y a los hijos, generando miedo, inestabilidad y desgaste emocional. Y es importante decirlo con claridad: no es tu responsabilidad salvarlo ni sostener esto sola. El amor, por sí solo, no cura una adicción. Tu marido necesita ayuda profesional, pero ese proceso solo puede comenzar cuando él reconozca su problema. Vos podés acompañar, pero no controlar ni reparar su conducta. Por eso, hoy lo más amoroso es cuidarte a vos y proteger a tus hijos, poniendo límites claros y firmes, no como castigo, sino como cuidado. Buscá apoyo para vos: terapia individual o grupos para familiares de personas con adicciones. Cuidarte no es abandonar; es preservar tu salud emocional. Amar no debería vivirse con miedo. Tenés derecho a una vida en calma y a elegir hasta dónde acompañar sin destruirte.

Psicóloga clínica- Psicoterapeuta