23 jun. 2026

“La familia de mi pareja le humilló a mis hijos y le dejé”

Ana contó que el tipo tampoco le daba su lugar a las criaturas.

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Ilustración

Soy Ana. La verdad que me siento una reverenda estúpida. Tres años que estoy metida en una relación creyendo lo que no era, con una venda en los ojos.

Juan siempre me salía con que su familia me adoraba y que mis hijos eran parte. Yo, de boba le creí. En el día a día el tipo se comportaba “normal” con ellos.

Pero todo se hacía más evidente, más obvio, cada vez. No eran solo los parientes, también era él. Cada vez que íbamos a un asado o cumple, mis hijos quedaban al último para todo.

Para sentarse, para servirse la gaseosa, para participar en los juegos. Al principio pensé que no se daban cuenta o que no estaban acostumbrados nomás a nuestra presencia.

Pero la situación se repetía siempre. En la mesa había lugar para medio mundo, menos para ellos.

Terminaban en una esquinita, comiendo del mismo plato porque no se previó para ellos los cubiertos.

Yo miraba la escena con una molestia que me revolvía todo, y mi pareja ni mu. Jamás un “vengan, siéntense acá” ni el más mínimo intento de hacerles un espacio.

Ruído

Ahí me empezó a hacer ruido el tema. No era solo su familia, era él. Yo trataba de justificarle diciendo que seguro no se daba cuenta, que no era a propósito.

Pero después empecé a prestar más atención en mi casa cuando iba de visita.

Mis hijos le hablaban y él parecía sordo, cambiaba de tema y me hablaba directo a mi. Si le pedían algo, sentía que le fastidiaba luego, y no podía entender cómo es que aún seguía conmigo.

Rara vez les sacaba conversación; él era feliz si ellos estaban metidos en su pieza.

La gota que colmó el vaso fue en el cumpleaños de su hermano. Eso fue lo último para mí. Mis hijos, otra vez marginados en la mesa.

Regalos

Pero lo peor vino después: le repartieron regalos a las criaturas que estaban, con nombre y apellido, mi suegra preparó todo como una especie de sorpresita para ellos. Pero a los míos no les incluyó, ni un caramelo le dieron.

Le miré a él y no me dijo nada. Se hizo del desentendido nomás como siempre. Me enojé tanto, pero no es que hice un escándalo. Agarré las cosas de mis hijos, pedí bolt y sin que nadie viera me fui.

Y renegué durante todo el viaje, no pude aguantar y me fui llorando. Mis hijos me preguntaban por qué lloraba, y yo solo evité el tema. Ahora él viene, me busca y no sé qué hacer, pienso que mis hijos no están en negocio, me lastimó tanto que los traten así ¿Qué piensa de todo lo que pasó?

La respuesta:

Lo que pasó no es una tontería: cuando una pareja acepta a una madre, también debe respetar el lugar emocional de sus hijos. Por lo que describís, no parece un hecho aislado, sino un patrón repetido de exclusión y frialdad, y eso duele porque toca lo más sensible: la protección materna. Al retirarte sin escándalo; priorizaste a tus hijos y pusiste un límite claro. Ahora no deberías fijarte solo en lo que Juan diga, sino en si reconoce el daño, asume responsabilidad y propone cambios concretos. Si minimiza, justifica a su familia o te trata de exagerada, ya tienes una respuesta. Tus hijos no están “en negocio”: son parte de tu vida, no un anexo incómodo.

Psicólogo clínico y sexólogo. Cel.: (0971) 822 670