07 feb. 2026

Y vos... ¿de qué te quejás?

@uruser @uruser

Imaginate que seas hermosa, muy inteligente y sumamente trabajadora. Trabajás en lo que te gusta, te pagan muy bien, tenés un auto del año, encontrás al amor de tu vida, te casás, tenés un hermoso hijo, una carrera universitaria ya terminada y vas por otra y por otra. Pero un día, las tormentas vienen todas juntas: tu adorable hijo es diagnosticado con autismo, tu mamá muere en cuestión de meses. Son cosas que pasan, decís... el amor de tu vida se va, enredado en sus propios y enigmáticos fantasmas.

Te hacés un análisis de rutina, la enfermedad de tu mamá podrías tenerla vos también... confirmado, la tenés. Negás, te calentás, puedo con todo decís, puteás contra Dios y el mundo. ¿Por qué vos, si hay tantos hijos de p... que se la merecen, no? Te agarrás de lo que sea, le das la vuelta.

Vas perdiendo partes de tu cuerpo, tirás lágrimas, tu hermoso cabello ya es un recuerdo. Te rapás, ni hablar de usar peluca: “Así soy yo”, decís y regalás tus fotos, con esos ojos penetrantes llenos de fuerza. Seguís puteando, que tampoco es tan malo hacerlo. El trabajo se va al diablo y el nuevo que conseguís, es una olla de grillos elegante.

Respirás profundo, mirás a tu hijo, que tiene avances, que da señales, que te mira con amor. Te juntás con otra gente y escribís un libro, de amor y de dolor... ¿de qué otra cosa escribirías? Y los días siguen, vomitás y llorás, te duele hasta el alma y todo lo que hay entre el alma y el dedo del pie, pero te parás... puteás un poco también, un día y otro día... quimio y helados, facturas y quimio, trabajo y quimio.

Y mientras tanto terminás una nueva carrera y conseguís un trabajo mejor que el anterior, el pelo comienza a nacer, hay menos lágrimas y más risas. Todo eso lo pasó una amiga mía en menos de dos años; yo no soy un buen amigo, no estuve tan al lado de ella, pero les garantizo que lo sufrí y que se me humedecen los ojos mientras escribo esto.

Y vos, decime... ¿de qué te estabas quejando?