@uruser Tema viejo y sabido esto del IPS; todo lo que uno diga ya se dijo y ya se sabe. Pero me tocó la incómoda posición de estar no del lado del que observa y relata lo que pasa, sino del que la sufre: estuve 11 horas de mi vida en urgencias del IPS como paciente. Déjenme, por tanto, contarles mi experiencia, regada por mi total ignorancia en administración hospitalaria y en medicina.
Tenía yo todos los síntomas del dengue, por lo que ingresé por un proceso de selección previa (“traigge” o triaje), en el que, basándose en 3 parámetros básicos (presión, ritmo cardíaco, temperatura) entrás en lista de espera de acuerdo a la gravedad. Para mi suerte (o desgracia) no estaba tan mal, porque obviamente pasé a la cola, a esperar que se atiendan los casos más graves primero (cosa lógica).
Lo que no es lógico es que la espera la hagas en un banco de madera, en un taburete o en una silla de escolar. Tampoco es lógico que uno esté sentado codo a codo (literalmente) con personas que pudieran tener variadas enfermedades. Para hacerla corta, me pusieron suero, pasaron las horas, nadie decía nada. Entré a las 9 de la mañana y a las 5 de la tarde me dicen que debo esperar el cambio de guardia para que revean mi caso. Los análisis de sangre y orina, que se habían hecho a la mañana, estarían para esa hora.
Lo más ilógico de todo: ¿cuántos médicos se imaginan ustedes que debería tener la urgencia de una institución con un millón y medio de asegurados? ¿Diez, veinte? Pues no: había UNA profesional, obviamente desbordada, nerviosa y que, cuando me atendió, se disculpó por la mala atención, “pero desde arriba no nos dan los medios para trabajar bien”.
Las enfermeras eran TRES y, reconozco, no entiendo cómo no estallan y agarran todo a patadas en cualquier jornada laboral. Una de ellas, a media tarde, medio en broma y medio en serio, dijo: “Hay que llamar a la prensa”. Yo creo que no: hay que poner un poco de “pienso” nomás.