carlos.franco@extra.com.py El sábado nuestro país fue tendencia en las redes sociales y portales de noticias nuevamente por un hecho bochornoso, la banda estadounidense Megadeth interrumpió abruptamente su concierto por la pésima organización del evento y el mal comportamiento del público. Fue una noche negra para el rock y la música en general.
En el club Sport Colombia, (precario lugar en el cual se desarrolló el evento) se vendían cervezas en botellas de vidrio, las vallas de seguridad estaban sostenidas con alambres y la seguridad era prácticamente nula. Obviamente el empresario Nico Garzia, promotor del evento, quiso gastar poco y ganar mucho con el concierto de la banda de thrash metal.
Pero el tiro le salió por la culata al empresario argentino, debido que el altísimo precio de las entradas ahuyentó al público y la cancelación del show le arrebató la poca credibilidad que tenía, ya que arrastraba malos antecedentes.
Es cierto, Garzia es el principal culpable de este desastre, pero el público que protagonizó los bochornosos hechos vandálicos deberían dejar de apuntar con el dedo por un momento y hacer un mea culpa.
Es muy triste lo que ocurrió, y hagamos un poco de memoria. Hace algunos años clamábamos por la presencia de bandas de la envergadura de Megadeth y al fin cuando vienen algunos personajes cometen una gran estupidez arruinándolo todo. Arrojar botellas al escenario, golpear guardias y obligar a la banda que se retire no es “cool”, eso es estúpido.
Es una pena, el bochorno ahuyentó a Megadeth y ahora el panorama se puso negro con miras a la llegada de otras bandas internacionales. Ojala aparezca un productor serio con fe en el rock, que organice conciertos con todas las garantías y que esa parte del público que actuó con violencia aprenda a comportarse como verdaderos fanáticos.
Mirando lo que pasó el sábado, lo mencionado parece una utopía, pero si esto no ocurre una vez más pasaremos años clamando por un poco de rock en el Paraguay.