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Una bandera teñida de sangre

A medida que el mes de agosto transcurría, los informes policiales se ponían más terribles: Los abusos sexuales en niños, sospechosas muertes, abandono, explotación sexual y negligencia hacían doloroso el trabajo de informar.

Si bien las cifras de violencia infantil en Paraguay son altas durante todo el año, es significativo que, en agosto, mes del niño,una niña de 11 años haya fallecido en el Hospital de Pedro Juan Caballero, a causa de sistemáticos abusos sexuales. Una indígena también fue torturada y abusada. La lista es larga, interminable.

Ya entrando a septiembre, la muerte de Giovanni conmocionó a toda la ciudad de Itá. El adolescente fue asesinado un día antes de su cumpleaños, le quitaron dinero, fruto de su trabajo y un celular. Luego, el propio Ejército Paraguayo fue responsable del asesinato de dos niñas argentinas, en medio de una negligente lucha contra el EPP.

Cuando los niños crecen en un Estado ausente, entre la miseria, la ignorancia, la pésima educación, con entes públicos que reciben millones y no responden a su misión de proteger y prevenir, en un país plagado de corrupción, de gobernantes ignorantes que se hacen millonarios a costa del saqueo apañado por el propio presidente, mientras los adolescentes tengan que salir a trabajar para sobrevivir, sus muertes y abusos siempre serán responsabilidad del Estado, sin importar el escenario donde ocurrieron: una casa o la misma selva.

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