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Un día vivido en un hospital saturado

Mientras muchos siguen aglomerándose viviendo en un mundo imaginario, en los hospitales se espera por horas para recibir atención.

José Amílcar Oviedo Por José Amílcar Oviedo

El joven estaba sentado en el piso con su señora en las afueras de un hospital.

Adentro, su papá con COVID avisaba por wasap que ya le estaban por atender. Solo habían dos personas en el turno antes que él.

Pasaron ya siete horas desde que llegó para consultar con una saturación de 80.

Le pidieron estudios y seguir esperando. Oscurece y el joven carga su celular en un enchufe externo del hospital para ingresar a las clases virtuales de su universidad.

Le preocupa que su padre no haya aceptado el almuerzo. Solo comió una banana al mediodía y jugo de pomelo.

Y conste que es un hospital privado, donde uno paga para ser atendido. En las afueras, el mundo sigue en su universo paralelo.

Muchos se reúnen y se siguen aglomerando sin miedo al COVID.

El joven ya tenía pensado pedir en el grupo familiar que recen por su papá y le envíen mensajes alentadores y le escriban lo que nunca se animaron a decirle.

Le contó a su esposa su idea y le dijo que no. Desistió en medio de llantos. No tendría sentido.

Solo le dieron ganas de empezar de cero, quizás en otra vida hubiera sido más corrupto para poder tener contactos y salvar de alguna forma la vida de su padre.

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