Columnistas

Ser pobre, ¿el peor de los pecados?

Hace tres días yace mi cuerpo mutilado en un oscuro bolsón, cual puchero desechado para los perros. Lamento molestar con el olor agrio por la descomposición de mi cadáver, ya antes lo hacía con mi presencia, ya que ni viva olía a jardín, según podía adivinar por las caras que me hacían cuando me cerraban la ventanilla de sus autos en la cara, cuando pedía alguna moneda.

“Francisca'i ya se perdió de nosotros hace 15 días. Nadie sabe nada de ella desde entonces. Ella vivía con su abuela, de su mamá nunca escuché nada”, se le oye decir por la tele a mi amigo, que es un par de años más grande que yo, que tengo 11. Que tenía 11…

En pocos días, casos violentos contra indígenas se cometieron sin demostrar mucho interés de parte de los encargados de la protección, sea INDI o Niñez. Antes, Lorenzo fue cruel blanco de un enfermo social que lo mató por odio. Luego, dos indígenas fueron asesinadas en Asunción. Sobre un caso quisieron hacer creer que era suicidio; el otro, la joven fue hallada con rastros de abuso sexual y maniatada.

El peor pecado para esta sociedad hipócrita es culpar al pobre por serlo y el racismo del paraguayo es hacia los indígenas. Es hora de exigir verdaderas políticas públicas que ayuden a los aborígenes.

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