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Quizá para mañana sea tarde

Por Hugo Barrios @Huguelli Por Hugo Barrios @Huguelli

“¿Y cómo es él?”, preguntaba José Luis Perales, a todo volumen, a bordo de una de las unidades de la empresa de transporte “Ñandutí”. “¿En qué lugar se enamoró de ti?”, insistía el célebre cantautor español, mientras las llantas del micro lamían con gran velocidad el asfalto. El repertorio musical que hay en los colectivos no es muy amplio que digamos, pero este chofer por lo visto estaba algo melancólico y mandó al tacho las ya clásicas cachacas. Claro,  el tiempo ayudaba.

Ya era casi medianoche en la frontera entre Asunción y Fernando de la Mora y desde la ventanilla podía verse cómo la lluvia se abrazaba con el viento. “Empieza ya, mujer, no tengas miedo. Quizá para mañana sea tarde, quizá para mañana sea tarde...”, recitaba el intérprete.

Lo paradójico fue que, en el primer asiento, a escasos dos metros del conductor, viajaba una “chica metal” con jeans y pantalones oscuros. Refugiándose en sus auriculares, hacía oídos sordos a la onda romántica del trabajador del volante.  “Quizá para mañana sea tarde” se me quedó.

Es una frase muy cierta. Muchos pierden el tiempo atormentándose en lo que pueda pasar en el futuro y se olvidan de disfrutar del presente. El momento es hoy. Tenés que hacer ahora las cosas y no dejarlas para otro día. Hay que actuar y exprimir cada segundo que pasa. Abrazá hoy a tus seres queridos, date el gusto hoy, salí de la rutina hoy, viajá hoy, decí “te quiero” hoy porque por ahí, como dice José Luis, “quizá para mañana sea tarde”.

En lugar de apaciguar la marcha, la emotiva y clásica pieza musical no hacía más que acelerar al conductor. Entre coro y coro, ya estábamos casi en San Lorenzo. El momento cumbre llegó con la siguiente canción: “Camionero”, de Roberto Carlos. El chofer se sintió en su salsa. “Corazón tan disparado, pero yo voy con cuidado, no me arriesgo en marcha suelta...”, cantaba el brasileño.

Nuestro amigo no le hizo caso y, en un santiamén, ya estábamos en la ciudad universitaria. El micro siguió su trayecto y yo me quedé pensando en que “quizá para mañana sea tarde”. Ya tú sabes.