@santula Aunque la indignación es hoy mucho más común a diferencia de otros tiempos o quizá se evidencia mucho más por medio de las redes sociales, donde llegar a otros con un reclamo o una crítica está al alcance de un tuit o un posteo; da la sensación que para ciertos temas nos sigue ganando la indiferencia.
Nuestros enojos guardan directa relación con el poder, la corrupción y el mal uso del dinero del Estado. Los grandes títulos de secretarias vip o de sobrefacturaciones, nos movilizan y sacan nuestro lado más combativo. Es bueno que nos involucremos, negar el despertar ciudadano ante los abusos del poder y el despilfarro sería un despropósito.
Sin embargo, sería bueno que esa misma indignación o esa forma de movilizarnos se extienda ante los desastres causados por los fenómenos naturales. El no vivir bajo agua no tendría que volvernos ciegos y sordos ante el sufrimiento de miles de compatriotas que deben abandonar sus casas a raíz de las inundaciones.
Podemos discutir si corresponde o no que vivan ahí, si corresponde o no tomar el lugar del río, pero antes deberíamos aprender a ponernos en el lugar del otro y quizá dimensionarlo, pero tratando de entender el drama desde la zozobra permanente.
Desde todo punto de vista hay una dejadez del estado que nunca se ocupó de manera seria de esta situación. Desde los años 80 el proyecto de franja costera está postergado y pasaron varios gobiernos nacionales y municipales y nadie se ocupó de dar una solución definitiva. Jugaron siempre con los bañadenses viéndolos como votos y prometiendo el oro y el moro en etapa electoral, pero luego siempre les dieron la espalda.
Repito, no podemos ser indiferentes y limitar nuestra indignación o los problemas del país solo a lo que nos toca de manera directa sin solidarizarnos con otros compatriotas que la están pasando mal. Es parte de nuestra obligación como ciudadanos exigir a las autoridades una pronta solución y protección a las víctimas de las crecidas.