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Columnistas

¿Qué hiciste, Aldo?

Él no paraba de llorar. Su angustia me la transmitió intensamente mientras tomaba el helado que le habíamos llevado. Eran las 20:00 más o menos del lunes 3 y el calor dentro de aquella celda hasta a mí me desesperaba. Se lo veía tan mal que no me animé a preguntarle cosa alguna.

En ese momento, no me interesaba saber si él había matado o no a Mayra. No era quién para juzgarlo. En ese preciso momento, yo acompañaba a mi novia a visitar a un amigo. Y fíjense, esos son buenos amigos. Sí, en las buenas y en las malas, en las malísimas incluso. Lo vi y no podía creer que era el mismo doctor con el que alguna vez compartí una amena noche de tragos. Una de esas donde reíamos sin parar por tonterías.

Su dolor caló hondo en mi alma. Solo atinó a decirnos que él no la mató y confieso, en ese momento le creí. Hasta ahora tengo dudas que invaden mi cabeza de tanto en tanto. De todos los crímenes que vi en estos seis años respirando policiales, la muerte de ellos es el misterio más grande. Y la verdad, Aldo, te la llevaste a la tumba.

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