@uruser Estas dos semanas hemos asistido al show brindado por nuestros políticos y legisladores, dando señales claras que vivimos una época en la que las leyes y los reglamentos son casi de goma, adaptables según las necesidades y el (nuevo) rumbo que tomen los acontecimientos. El tratamiento del tema de la Ruta VII y la extensión de la concesión a Tapé Porã mostró varias aristas, algunas lindantes con la ilegalidad y otras que, serían graciosas si no fueran graves.
La ley 1618 en su artículo 20, es tan clara (“en ningún caso se podrá prorrogar el contrato de concesión a favor del mismo concesionario, u otorgarlo directamente en favor de otro, sin cumplirse el requisito previo de la licitación pública, abierta a todos los oferentes”) que la prórroga parecería imposible... pero ocurrió, con el bochornoso espectáculo de la votación (20-18, 20-20), la segunda sesión “correctora” con quórum casi dudoso y el argumento´i de, directamente, no dar quórum para que un tema quede como está (cualquier similitud con el uso indebido de los fueros no es mera coincidencia).
Como detalle de color, la manifestación de los transexuales trabajadores del sexo, “indignadas” por la comparación que el propio presidente del Congreso, Marito Abdo, hizo del senado con un prostíbulo. Posteriormente, una de las trabajadoras del sexo, la señorita Marie, denunció que dos personas, presuntamente vinculadas a un ministro, las contrató para el evento, pagándoles G. 150.000 a cada una.
Y nos quedó en el tintero el caso del Cerro de Ñemby, donde la empresa concesionaria esgrimió una adenda firmada por el entonces ministro Salyn Buzarquis extendiéndole la concesión por 10 años más. Ese documento no existe, según el MOPC. Lo más grave de todo esto no es quizás lo que ocurrió, sino la sensación de “todo seguirá igual” y la aniquilación de la esperanza.
Pero una luz que aparece en el camino: quizás el nuevo presidente del senado pueda rectificar rumbos. El candidato más firme es Víctor Bogado...