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Mismo servicio, nuevos problemas

El sábado por la mañana encendí la televisión y vi en las noticias que un montón de personas estaban formando fila para comprar las tarjetas de billetaje electrónico en Capiatá.

“Desde las cuatro de la mañana estamos esperando”, comentaron las personas. Estuvieron paradas bajo el sol durante cuatro o cinco horas y solo algunos pudieron acceder a las tarjetas ¡Una vergüenza!

Pocas horas después suspendieron el uso obligatorio de tarjetas del billetaje electrónico hasta el 31 de diciembre. Lo más fácil siempre es culparle a la gente, sí, que una vez más esperó hasta última hora para buscar las tarjetas. Pero no es posible que las tarjetas se agoten tan rápido o que caigan en manos de los revendedores, evidentemente el Gobierno y los empresarios no previeron absolutamente nada.

Si es que funcionaba el billetaje electrónico sería sin dudas un avance para el obsoleto sistema de transporte público de nuestro país. Pero no creo que sea el problema más importante. ¿De qué sirve tener el billetaje electrónico si los colectivos dejan de circular a las 21:00?

Tenemos el mismo pésimo servicio, con una nueva forma de pago, que solo genera dolores de cabeza.

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