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Mientras pestañeás

La vida pasa mientras uno pestañea o se entretiene un segundo mirando hacia un costado.

El tiempo pasa a nuestro alrededor mientras estamos concentrados en cosas innecesarias y hasta insignificantes.

Nuestros padres envejecen, el bebé de la casa sonríe y luce su primer diente, da sus primeros pasos, luego ya está cumpliendo su primer año.

La vida no da treguas y uno se pregunta: ¿qué hice yo de importante mientras tanto?

La preocupación de toda madre es hacer lo suficiente para que sus hijos crezcan sanos y se conviertan en personas de bien.

El mundo se pone cada vez más difícil y la tarea se complica. Suceden crímenes a diario, ayer una mujer que fue encontrada en una fosa, fue enterrada de cabeza.

La gente mata por un celular, las drogas invaden los barrios, un niño muere en el hospital por falta de terapia intensiva, las escuelas se caen a pedazos, nada mejora en el país.

Mientras tanto las criaturas están ahí, creciendo inocentemente, soñando con tener una gran vida. ¿Qué nos queda por hacer? Si no tenemos el poder mágico de convertir el mundo en un lugar mejor para ellos.

Nos queda ser siempre un poco mejor, mejor persona, mejor profesional, mejor ciudadano, mejor compañero, mejor tío, mejor hijo, mejor madre. Nos queda luchar por los que vienen, luchar para que todo en el país mejore.

Nos queda educarlos, usando siempre la verdad. Guiándolos, mostrándoles lo que hay a su alrededor e inculcándoles que tomen el mejor camino. Desbordándoles con amor, paciencia y comprensión.

La vida sigue pasando mientras lees estas líneas. Es imposible detener el tiempo, pero sí podemos aprovechar el que estamos viviendo. No por nosotros, por los que van pisando nuestros pasos.

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