@marianonin1 Podría haber sido una tragedia, pero no pasó de un gran susto. El choque de los tres colectivos en Caacupé nos recuerda que tan frágiles son los controles que las autoridades implementan para darnos seguridad. No solo en este caso. Es en todos. Hubo 20 heridos, todos leves. Podríamos llamarlo, suerte, milagro, destino o como quieras.
En uno de los colectivos viajaba un compañero de trabajo. Lo vi el miércoles, al otro día del accidente, pero seguía tan asustado como al momento del impacto. Incluso antes del choque. Nos contaba que el micro no tenía frenos y que cobraba G. 10.000 para salir de Caacupé, cuando no debería ser más de G. 5.100. También, que las unidades estaban jugando una carrera y que todos los pasajeros estaban asustados, y los tres estaban repletos de gente. Pero nadie los vio. Claro, nadie hasta el momento del choque.
Al parecer, el colectivo en el que viajaba nuestro compañero, ni siquiera tenía papeles. Pero allí estaba. Llevando y trayendo peregrinantes. Una locura muy típica en nuestro país.
Después de la tragedia del Ycua Bolaños hubo un intento por ajustar la seguridad de las empresas e instituciones que reciben gran cantidad de gente. 11 años después creo que solo otra tragedia volverá a impulsar las medidas necesarias para evitar muertes evitables. Somos así. Es nuestra naturaleza.
Primero lamentamos. Luego actuamos… y cuando pasa el impacto de la tragedia, volvemos a lo mismo de siempre, a la espera de que suceda otra vez. Una y otra vez. Nos callamos, cuando no deberíamos hacerlo y eso no está bien.
Si ves que estás en un lugar peligroso, preguntá. Si ves que el chofer está jugando una carrera, encaralo. Si tu vida está en riesgo, solo vos y nadie más que vos tiene todo el derecho de alzar la voz. Las autoridades tendrán luego la responsabilidad, si hacen bien su trabajo, de castigar y rectificar. Defendé tus derechos, esa es tu opción. Lo demás, es pasajero.