Por Hugo Barrios @Huguelli Recuerdo que subió por la puerta trasera del “Itá”. Hacía muchísimo calor y sentir el sudor en la piel era tortuoso. Vi que una mujer de unos 60 años o más colocaba una caja de manzanas repleta de frutas en la estribera, tras hacer la parada. Luego puso encima un saco con olor a locotes y cebolla. Yo estaba en el fondo y ayudé como pude. Un nene de 12 años, el nieto, era su único acompañante. Con un esfuerzo de locos, subimos todas las mercaderías.
Contabilicé nueve enormes recipientes, entre bolsas de plástico y cajas de manzana. Había pollo, choclo, mandioca, leche...de todo. La señora me agradeció. En su rostro se dibujaban surcos de experiencia. “¿Cuánto te cobran por subir tus mercaderías”, le pregunté con mi pésimo guaraní. “Cinco mil, a veces más me cobran más”, reveló en el mismo idioma, solo que bien pronunciado.
Mi curiosidad dio paso a una prolongada e inesperada charla. Me contó que se llama Reinelda. Sí, con “e”: Reinelda. Vive en Areguá. Esa tarde (la semana pasada) abordó el colectivo en el Mercado de Abasto y se bajó en la zona de la Terminal para tomar otro que la lleve hasta la ciudad de la frutilla. “Mi casa queda a cinco cuadras de la ruta y al bajarme acarreo mis cosas en carretilla”, relató.
Vende los productos en su barrio para ganarse la vida y se surte de ellos dos veces por semana. Tiene diez hijos y el muchachito que hace de ayudante es uno de los pocos nietos que le da una mano. “Cualquier zoncera hay que vender para poder guerrear”, fueron sus sabias palabras. Las guardé en el chip. Lo que más me llamó la atención fue que, al terminar de contarme una breve historia, siempre había una sonrisa en ese rostro húmedo de tanto calor. Eso hacía que tuviera que sonreír a la par de ella.
Reinelda cuidaba de sus productos como un tesoro. Los mimaba, los trataba con cuidado, los protegía. Cuando tocaron el timbre, los ayudé como pude para descender sus cosas. Lamenté no haber podido estar más con ellos para su siguiente viaje y recordé cómo Bergoglio resumió a la mujer paraguaya: la más gloriosa de todas. Ya tú sabes.