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Lo duro de crecer y lo bueno de agradecer

La infancia es el lugar donde nuestra mente viaja cuando queremos sentir la felicidad.

¿Quién no recuerda qué emocionante eran las Navidades? Ayudar desde temprano a mamá a preparar la comida, cenar en familia, explotar fosforitos con los hermanos y primos.

Crecer y conocer al mundo tan hostil, no es fácil. Asumir que las responsabilidades dirigen nuestras vidas y que esos bellos momentos son parte del pasado es triste, pero es parte del ciclo de la vida. No es necesario entenderlo, basta con asumirlo.

Lo bueno es saber analizar esas experiencias. Recordar la infancia como lo mejor significa que los padres se sumergieron en esa misión y que, con errores y aciertos, lo lograron.

Si en estas fiestas tenés a papá, mamá o abuelos a tu lado, haceles saber que fuiste feliz de niño y que hoy comprendés todo el esfuerzo que realizaron para poner la comida en la mesa, para vestirte bonito y comprarte las estrellitas que te emocionaban en la noche de Navidad. Hacé lo suficiente para que otro niño viva la misma experiencia.

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