@ruthbenitezdiaz Eran las 6 de la tarde y como todos los días salí del trabajo a comprar algo para merendar. Siempre, vaya a donde vaya, lejos o cerca, llevo mi teléfono y mi billetera. Esta vez hice lo mismo. Pero a media cuadra de haber caminado, retrocedí, dejé mi celular y llevé solo la plata justa.
Nunca me asaltaron. Sin embargo, sentí la “paranoia” de una víctima de asalto. Lo que viven no es comparable: el susto, el miedo, la pérdida física o material. Diciembre suele ser el mes que registra mayor cantidad de asaltos. Los delincuentes conocen las fechas de pago de salarios y aguinaldos y rondan las zonas por donde los trabajadores acostumbran a moverse.
En estos días viví de cerca la angustia de amigos que fueron despojados de todo lo que tenían, a punta de pistola o de algún puñal en el abdomen. La Policía explica que la mayoría de estos ladrones roba para comprar droga. Celulares, billetes, joyas, todo sirve en el mercado del microtráfico, mientras muchos de estos elementos servían a las víctimas como herramienta de trabajo, comprados con dinero ganado con esfuerzo.
Ayer, un caso hizo que mi nivel de empatía llegue al punto máximo. Un chico publicó en Facebook cómo un hombre le robó el aguinaldo entero, amenazándole con un arma, mientras el taxi en el que iba a su trabajo esperaba en el semáforo en rojo. No me imagino lo que significa que todo el fruto de tu esfuerzo del año, porque eso es el aguinaldo, que te dio alegría o respiro, se esfume en un segundo.
La inseguridad está al tope en nuestro país. No importa que muera “Jakare po”, la pobreza y la ignorancia son padre y madre de los delincuentes. Si el Gobierno no prioriza la educación, siempre habrá delincuencia.
Si no hay una apuesta seria hacia el control de adicción, seguirán robándonos el aguinaldo para comprar droga, y si el 95% de la recaudación del fisco se destina a pago de salarios en vez de planes eficientes de educación, la ignorancia seguirá andando en moto, nos apuntará con la pobreza y se llevará nuestras vidas.