Columnistas

La poesía del feliz y el desgraciado

En medio de los estruendos de las bombas y los disparos, de la sangre de la contienda bélica, Natalicio Talavera, con pluma y papel, logró convertirse en el héroe de la palabra, durante la Guerra de la Triple Alianza hasta hoy.

En su nombre, cada 11 de octubre se recuerda el Día del Poeta Paraguayo. Talavera, en sus escritos enalteció las conquistas de los guerreros y plasmó el llanto de las desgracias. En estos tiempos, donde las letras están cada vez menos valoradas, es bueno recordar que por medio de la escritura el mundo ha progresado. Fue el legado de las más grandes civilizaciones. Por medio de él se produjeron guerras, pero también la paz.

La historia nunca termina y la necesidad de contarla tampoco. Sin embargo, la poesía es tan amplia que no se detiene en la historia. También es el paño de lágrimas y el arco iris de la alegría de personas encerradas en el nuevo mundo.

La pandemia ha despertado en muchas personas la necesidad de escribir a pesar de que hoy es más sencillo expresarse con videos, fotos, audios. No es necesario ser Natalicio Talavera o la nueva Josefina Plá para poner a sonar las teclas de tu computador o gastar la tinta de los olvidados bolígrafos. A todos los poetas, verseros, escritores o como deseen ser llamados: no se cansen de escribir. Háganlo para ustedes, para otros, para todos, para expresar su amor o plasmar sus desgracias. Ninguna tecnología será nunca tan fuerte como la palabra.

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