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La lección que debe ser aprendida

Probablemente no exista paraguayo que no haya comprado una adhesión de pollada alguna vez para colaborar con un enfermo que necesita costear su tratamiento médico, la excepción a esta regla son los dinosaurios de la política y su nefasto entorno.

Ese es el país en el cual vivimos. Te enfermás y automáticamente pasás a depender de la solidaridad de tus amigos, que arman actividades benéficas porque en los hospitales públicos están desabastecidos de medicamentos. La llegada de la pandemia trajo el préstamo de 1. 900 de dólares, plata que el Gobierno supuestamente usaría para equipar los hospitales, pero eso no pasó y los infectados con el virus ni siquiera acceden a sillas de plástico para ser atendidos. Una vez más la gente humilde salió al rescate, vemos a diario un montón de actividades benéficas para ayudar a los infectados y a sus familias. Polladas, hamburgueseadas, rifas, etc. ¿Qué sería de nosotros sin estas actividades? Mucho dolor ya ha causado la pandemia, estamos obligados a aprender de ella para no repetir los mismos errores como sociedad.

Los paraguayos nos caracterizamos por ser solidarios, pero nos falta ser exigentes con los de arriba, que despilfarraron nuestro dinero que debía utilizarse para hacerle frente al coronavirus.

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