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Columnistas

La lección del Pájaro Campana

Apareció después de mucho tiempo, con su enterizo blanco y banderas tricolores que hacen de alas. Ni bien asomó sus narices con su famosísimo traje, el Pájaro Campana recibió un chamburreado de críticas y burlas. Los memes no se hicieron esperar, pero fue uno de los pocos hinchas que fue al aeropuerto Silvio Pettirossi para desear éxitos a la Albirroja, que mañana hace su estreno en la Copa América Brasil 2019.

Cástulo Ortega recibe todo tipo de cañeadas desde que acompaña a la Selección Paraguaya de Fútbol y liga más aún en los últimos diez años, lapso en que ya nos perdimos dos Copas del Mundo. La mayoría dice que le da mala suerte al equipo. Lo tienen como el dios de la yeta, como el puto amo de la mufa.

A pesar de la artillería pesada que recibe, él igual está. Paraguay puede terminar en el último lugar de las eliminatorias, no ganar un partido amistoso en 5 años y jugar a estadio vacío, pero él siempre hace el aguante. No hace como el resto, no putea ni abandona ni en las peores tormentas. Alienta, acompaña.

Un papá hace lo mismo.

Vos te podés mandar la peor de las macanas, podrás tener el mundo en tu contra, pero él siempre estará allí para apoyarte, para pedirte que no te des por vencido, para decirte que te merecés grandes cosas porque sos lo más grande. Él tampoco abandona, no te deja solo. Siempre estará para vos para lo que sea. A diferencia del Pájaro Campana sí te putea, pero para avisarte que la cagaste y que debés corregir los errores. Cuando pocos crean en vos, él estará a tu lado para darte su confianza.

Si no hace todo esto por vos, simplemente no es tu papá o no se comporta como tal. Mañana es un día especial y es triste saber que los tribunales están llenos de demandas por filiación o por prestación alimentaria porque son muchísimos los arrieros irresponsables. Hay un montón de sabandijas que ni siquiera llaman a sus hijos a pesar de que ellos lo tienen como a su héroe. Popó se les dice.

Sigamos el ejemplo del Pájaro Campana y banquemos siempre en las buenas y en las malas. La yeta no existe más allá del folclorismo. ¿Gua'u que no?

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