@uruser En estos días todos hablamos en Paraguay de la amistad; a contrapelo de casi todo el mundo, y acatando la resolución de la ONU que a los demás países parece no importarle (cosa nada rara, eso de no aceptar las determinaciones de la ONU), nosotros festejamos el 30, le hacemos los homenajes a don Bracho y nos cruzamos regalos con nuestro amigo invisible.
¿Qué será un amigo? Porque probablemente no sea el destinatario de las tacitas baratas y los cuadritos. El concepto de lo que es un amigo va cambiando; cuando sos chico es una cosa y después otra. Los que peinamos canas tenemos la sensación que amigos son “los de antes”, los de la infancia y la juventud.
Probablemente sí y seguramente no, esos siempre serán especiales, porque te vieron en tus carencias fundamentales, cuando eras más indefenso y no le hablabas a las chicas por vergüenza, cuando fallabas en los exámenes y llorabas.
Yo tuve la suerte de reencontrar a muchos de ellos a través del WhatsApp y con ellos hablo de cosas que con los nuevos no hablo... han de ser rayes míos nomás, pero cuando vas creciendo ya no sos tan “vos”, ya sos el empleado de, o el dueño de y en mi caso el (feliz y orgulloso) “padre de”.
Eso cambia las cosas y el internet terminó por cambiar todo nuevamente: hoy tenemos 1.000, 2.000 o la cantidad que el Facebook nos deje.
¿Son mejores o peores los ciberamigos? Ni una cosa ni la otra, son diferentes y si la oportunidad se da, a veces el amigo “virtual” pasa a ser “real”, si es que esa diferenciación tenga todavía algún sentido.
Pero hay algo que sí pienso: el éxito descomunal de Facebook se debe a que don Zuckerberg nombró a los “contactos” como “amigos”; algo hay en la palabra, algo necesitamos que nos lleva a seguir aceptándolos. Roberto Carlos decía un millón, Zuckerberg te deja 5.000 “nada más”; a todos ellos, a los reales y a los virtuales, a los de antes y a los de ahora, un abrazo gigantesco... y en lo que pueda a las órdenes che, aunque a veces no sirva de mucho.