@marianonin1 La mano devastadora del hombre avanza inexorablemente. Una conjunción de eventos provoca que cientos de especies vegetales y animales del planeta se estén extinguiendo. Solo en los últimos 50 años desaparecieron de la faz de la tierra unas 17 especies de animales.
El cambio climático, el tráfico ilegal o la devastación de los ecosistemas, hacen que al menos, entre el 30 y el 50% de las especies puedan estar cercanas a la extinción para finales de este siglo. Para los científicos se trata de “la sexta extinción en masa.” No se trata del argumento de una película. Es la realidad. Sucede hoy y no se detiene.
Desde los noticieros asistimos al circo romano del siglo XXI. Un suicida se precipitó a la jaula de los leones en un zoológico de Chile. La noticia no solo era insólita sino que, además, tuvo su nota trágica cuando los cuidadores dispararon y mataron a dos de los leones. Los habían traído de la lejana África.
Unos días después sucedió en EE. UU. Un nene de 4 años cayó a la jaula (esa es la palabra para definir el encierro) de un gorila, en el zoológico de Cincinnati. Desde los celulares al mundo fue cuestión de minutos. El animal jugueteó con el pequeño hasta que los cuidadores del recinto lo mataron. Harambe tenía 17 años y su especie está en peligro de extinción.
Esos animales son solo una muestra de lo demencial de la mano del hombre en el exterminio de las razas inferiores, ¿inferiores?, es un decir. No es culpa de quienes apretaron el gatillo. La culpa va más allá. Es responsabilidad de todos en todo el mundo.
Los animales deberían estar en su hábitat: la selva. Esa misma selva que el ser humano destruye y de las cuales “rescata” a sus víctimas para matarlas en su encierro. Matamos conscientemente en nombre del progreso, para vivir en selvas de cemento donde sobrevive el más fuerte. Estamos… irremediablemente locos.